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Preparar la selectividad pretende ser una herramienta que facilite al alumno de bachillerato la preparación de los exámenes de la selectividad. Exámenes que en buena parte dirigirán y enfocarán el futuro académico y profesional del alumno.

El acceso a la universidad comienza con la realización de estas pruebas. La necesidad de alcanzar una calificación que permita comenzar los estudios universitarios deseados, llena de una presión exagerada al estudiante.

Sería necesario por parte de los docentes inculcar al alumno que el examen de selectividad "no es nada del otro mundo" es una examen más, como muchos que se han hecho a lo largo del año. La única diferencia es que se realizan muchos exámenes en tres días. Pero el porcentaje de aprobados está ahí

lunes, 28 de mayo de 2012

ROMANIZACIÓN EN ANDALUCÍA


La Península Ibérica recibe el nombre de Hispania tras la llegada de los romanos; antes de estos, la península había estado habitada por diferentes culturas: iberos, celtas, fenicios (tartesos), griegos y cartagineses.
            Desde el desembarco de Escipión al frente del ejército romano en Ampurias (218 a.C) con el objetivo de frenar la expansión cartaginesa hacia el norte, se inicia un proceso de aproximadamente  200 años en el que los itálicos, alternando políticas generosas con otras dictatoriales, llegaron a dominar prácticamente todo el territorio. En ese proceso de conquista, además de hacer frente a los cartagineses, tuvieron que eliminar dos importantes núcleos de resistencia, a los Lusitanos (Viriato, 139 a.C.) y a los Celtíberos (Numancia, 133 a.C.)
            Tras Numancia, el cónsul Escipión Emiliano había logrado someter toda la península salvo los territorios del norte en los que se encontraban atrincherados los astures, los cántabros y los vascones. No es hasta el año 19 a. C. cuando Augusto los considera finalmente sometidos. Ver a toda la península ibérica dominada por una sola res publica es algo que no volveremos a ver hasta el s. XVI durante el reinado de Felipe II.
            Entendemos por Romanización el proceso de asimilación del modo de vida romano por los pueblos sometidos. (Hay quienes hablan de un proceso de aculturación a partir de la colonización).  En líneas generales, podemos afirmar que Hispania fue una de las provincias donde la “romanidad” arraigó con más fuerza, aunque de una manera desigual: más rápido y profundo en el sur y en levante, y más lento y superficial en el norte; y dentro de la actual Andalucía más rápido y profundo en las costas y en el valle del Guadalquivir y más lento y superficial en las zonas del interior de las provincias de Almería, Jaén y Granada, alejadas de los cauces fluviales del Guadalquivir y del Genil). De todas formas, podemos pensar que el territorio al que hoy llamamos Andalucía fue uno de los más romanizados, no sólo de la península sino de todo el mundo mediterráneo.

            Factores de Romanización.
            El elemento humano, la lengua latina, las vías de comunicación y la religión fueron los más importantes factores de romanización.
            (1) El elemento humano. La presencia del ejercito romano en Hispania fue constante y numerosa desde el principio; para muchos indígenas la vía más fácil de promoción social era alistarse en las legiones auxiliares; los campamentos romanos estables, por su parte, dieron lugar a núcleos de población con usos y costumbres romanos, y finalmente muchos soldados romanos, a licenciarse, optaron por quedarse en Hispania como colonos agrícolas, puesto que, tras su jubilación, recibían lotes de tierras en propiedad. Muchas de las grandes ciudades de España tienen su origen en colonias romanas; en Andalucía encontramos Corduba, Hispalis, Urso, Astigi, Itálica, Antiquaria, Carmo y muchas más, ya se trate de núcleos de población “ex novo” o con base en un asentamiento indígena anterior.
            Por otra parte, hay que considerar que, como ha ocurrido siempre, mercaderes, artesanos y mucha población civil seguían a los ejércitos, dispuestos a aprovecharse de las riquezas que los nuevos territorios conquistados les ofrecían. Esta población civil romana era la primera en entrar en contacto con los habitantes de las zonas por donde el ejército avanzaba.
            (2) La lengua latina. De la gran variedad de lenguas que existían en la Península antes de la llegada de los romanos,  sólo ha logrado pervivir el vasco: todas las demás fueron sustituidas por el latín, pues una lengua única es sistema más cómodo y práctico para mantener relaciones políticas, sociales, culturales… Los peninsulares aprendieron latín, en un principio, de viva voz, mediante el trato con soldados y civiles. Conforme avanzaba el proceso de colonización, se fueron abriendo escuelas a semejanza de las de Roma, especialmente en la Bética. Prueba de que la Bética conoció la lengua de los romanos muy pronto fue el hecho de que, cuando Julio César reúne en Córdoba a los jefes de las poblaciones que le habían ayudado en su lucha contra Pompeyo en la guerra civil, les da las gracias en latín sin necesidad de intérpretes.
            En el s. I el latín está ya generalizado y el número de escritores nacidos en Hispania ocupa un lugar destacado, no sólo por su cantidad sino también por la calidad de los mismos: los cordobeses Séneca y Lucano, Quintiliano, Marcial o el gaditano Columela.
            (3) Las vías de comunicación. Roma prestó especial atención a los puertos marítimos (Gades, Malaca, Sexi… y fluviales (Hispalis), pero sobre todo creó una amplia red de calzadas. Las más importantes fueron la Vía Hercúlea, construida en época republicana, y la Vía de la Plata. La primera era la continuación de la vía Augusta al entrar en Hispania por los Pirineos, y que, bordeando la costa de levante en un trazado muy parecido al de la actual autopista del Mediterráneo, llegaba a Cartago Nova. Desde allí ascendía para entrar en Andalucía por Castulo (cerca de Linares) y seguir hacia Corduba, Astigi, Hispalis y Gades.
            La vía de la Plata mantiene todavía su  nombre y un trazado muy similar, ya que unía Hispalis con Emerita y ésta con Asturica (Astorga) y el apellido “de la Plata” deriva de la cantidad e este mineral que llegaba hasta el puerto de Gades procedente de las minas del Norte en Asturias y Galicia. En toda Andalucía, así como en el resto de de la Península, podemos ver los restos de multitud de calzadas secundarias, muchas de las cuales han estado en uso hasta fechas recientes. Fieles testigos de las mismas son los puentes que salvaban las dificultades del terreno, entre los mejor conservados los de Alcántara, Mérida o el de Córdoba.
            (4) La religión. El estado romano respetó las religiones indígenas al no ver en ellas ningún peligro político, únicamente, a partir del imperio, la res publica promueve, por razones políticas, el culto a la diosa Roma y al emperador de turno. Sin embargo, no fue la religión romana clásica un importante factor de romanización, sino el cristianismo. Aunque no tenemos noticias concretas sobre la fecha y las circunstancias de su entrada en Hispania, la tradición nos habla de que el apóstol Santiago ya vino a evangelizar la provincia. Los datos más reveladores los encontramos en el s. III d. C., pues a partir de las persecuciones del emperador Decio y sus sucesores, la tradición mantiene también el nombre de bastantes mártires en ciudades como Sevilla (Justa y Rufina), lo que indica que el cristianismo estaba ya muy extendido.

            Distribución territorial de Hispania.
            Hispania en un principio estuvo dividida por razones administrativas en dos provincias: la Ulterior, (la de más allá); y la Citerior (la de más acá) y, aunque los límites no eran precisos, el territorio de Andalucía pertenecería mayoritariamente a la Hispania Ulterior.
            Fruto de la división por Augusto de la antigua Hispania Ulterior, aparece la provincia hispana de la Baetica que se extendía por la Andalucía occidental y central. La provincia de Almería y parte de las de Jaén y Granada estaría administradas por la Tarraconensis.
            La Baetica, con capital en Corduba, se hallaba dividida en cuatro conventos o distritos jurídicos: Corduba, Hispalis, Gades y Astigi y, por ser una provincia tempranamente romanizada y sin grandes conflictos internos, su administración dependía de Senado a través de un procónsul. Se trataba de un territorio  muy fértil que exportaba trigo, aceite y vino y en donde también encontramos importantes explotaciones mineras de plata  (Ilipa) y mercurio (Sisapo, Almadén). En la costa destacaban las explotaciones pesqueras del litoral gaditano y onubense.
            Una de las ciudades más sobresalientes de la Baetica fue Italica, cuna de los emperadores Trajano y Adriano, y núcleo urbano de primer orden que todavía conserva las ruinas de su anfiteatro, su teatro, sus lujosas viviendas y sus termas. Pero esta ciudad acabaría eclipsada por su vecina Hispalis, debido a la situación estratégica junto al Baetis.
            Entre los restos arqueológicos que todavía se pueden visitar caben destacar los siguientes:
            Corduba: un puente aún en servicio e innumerables fustes y capiteles reutilizados para la mezquita junto con los traídos desde Mérida, Baelo Claudia, (Bolonia), el faro Turris Caeponis (Chipiona) y la necrópolis de Carmona.

            La provincia Tarraconensis surgió igualmente de la división territorial de Augusto. Ocupaba los territorios de la antigua Hispania Citerior, entre los que se encontraba el oriente andaluz. Constituía una provincia de rango imperial, sometida al control directo del emperador, sin intervención del Senado. Su capital era Tarraco y estaba dividida en siete conventos o distritos jurídicos, de los cuales, sería el de Cartago Nova (Cartagena) del que dependería parte de las provincias de Jaén, Granada y la de Almería.       
Desde el punto de vista económico la Tarraconensis sobresalió por la extracción de minerales (Galicia y Asturias), la producción agrícola concentrada en el valle del Duero y del Ebro. En la zona andaluza se cultivaron plantas textiles como el esparto o el lino, aunque lo que más destaca es la pesca y la industria de salazones de pescado, como la exportación del garum, en los puertos de Granada y Almería.
            La Tarraconensis andaluza no puede competir con la Baetica en restos arqueológicos, pero quedan diseminados en todo este territorio villas, acueductos, teatros y muchos nombres topográficos que provienen del latín y que son exponente de la cultura romana como Urci, Ilurco o Baria.

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