EL NUEVO MOVIMIENTO EN EUROPA.-
La nueva estética literaria de la que estamos hablando se manifestó en todos los géneros,
pero fue en la novela en el que alcanzó unas cotas más altas. El tránsito entre el Romanticismo y
el nuevo movimiento no se produce de una forma brusca, sino gradual, a través de unos autores
y obras que están a caballo entre Romanticismo y Realismo.
Podemos decir que el movimiento realista surge en Francia con la aparición del novelista
Stendhal, que escribió sus novelas basándose en el análisis psicológico de los personajes y en la
práctica de la observación. Según Stendhal, la novela debe ser "como un espejo colocado a lo
largo del camino". Stendhal es un novelista que todavía está a caballo entre Romanticismo y
Realismo: muchos de sus personajes y ambientes son románticos, pero su técnica es ya
puramente realista: la descripción fiel de la realidad circundante.
Aunque podamos considerar a Stendhal ya como un autor realista, los verdaderos
iniciadores del género fueron los novelistas Balzac y Flaubert. Balzac reunió todas sus novelas
bajo el nombre genérico de La Comedia Humana, obra con la que pretende hacer el retrato de la
sociedad francesa de su época. Gustave Flaubert, con su obra Madame Bovary, consigue
establecer el modelo de estudio de la psicología femenina.
En el último tercio del s. XIX, otro francés, Emile Zola (1840-1902), da un paso adelante
en la evolución del movimiento realista, incluyendo la novela europea en lo que se habría de
llamar Naturalismo. Zola se preocupará de establecer claramente las bases teóricas sobre las
que apoyará su creación literaria mediante la publicación de un gran número de artículos y
ensayos. El más importante de esos ensayos es La novela experimental (1879), manifiesto
estético en el que se fijan las líneas maestras de la corriente literaria. Vamos a repasar ahora los
puntos principales de la teoría naturalista.
Zola plantea, en primer lugar, la definición de la novela naturalista, estableciendo un
paralelo entre ésta y las bases que el doctor Claude Bernard había establecido unos años antes
para la ciencia médica:
"A menudo me bastará con reemplazar la palabra médico por la palabra novelista
para hacer claro mi pensamiento y darle el vigor de una verdad científica."
El supuesto del que parte Zola para la definición de la nueva narrativa es evidente:
"Puesto que la medicina, que era un arte, se está convirtiendo en una ciencia, por qué
la literatura no ha de convertirse también en una ciencia gracias al método
experimental?"
En el proceso iniciado de esta forma, el autor francés establece una diferencia
fundamental entre observación y experimentación. Para ello, toma como base una idéntica
distinción científica trazada por Bernard:
"El observador constata pura y simplemente los fenómenos que tiene ante sus ojos y
tiene que ser el fotógrafo de los fenómenos; su observación debe representar
exactamente a la naturaleza (...) escucha a la naturaleza y escribe bajo su dictado. Pero
una vez constatado y observado el hecho, llega la idea, interviene el razonamiento y
aparece el experimentador para interpretarlo."
Esta diferencia, llevada al campo de la literatura, nos lleva directamente a la separación
entre novela realista y novela naturalista, y a la definición de ésta última. El escritor puramente
realista se queda en el primer momento (la observación), mientras que el escritor naturalista, porel contrario,
"es, a la vez, observador y experimentador (...) En suma, toda la operación consiste en
tomar los hechos de la naturaleza, después, en estudiar los mecanismos de los hechos,
actuando sobre ellos mediante las modificaciones de circunstancias y de ambientes sin
apartarse nunca de la naturaleza. Al final, está el conocimiento del hombre, el conocimiento
científico en su acción individual y social."
De las definiciones anteriores se derivarán los conceptos básicos del Naturalismo literario.
En ellas aparece implicado, por ejemplo, el carácter impersonal del método, que Zola define así:
"El novelista no es más que un escribano que no juzga ni saca conclusiones (...); el
novelista desaparece, guarda para sí sus emociones, expone simplemente las cosas
que ha visto (...) La intervención apasionada o enternecida del escritor empequeñece la
novela, velando la nitidez de las líneas, introduciendo un elemento extraño en los
hechos, que destruye su valor científico."
También subyace en lo anterior el enfoque determinista de la novela, entendido como
búsqueda de las causas próximas o determinantes de los fenómenos y muy diferente del
fatalismo, con el que frecuentemente es confundido:
"El fatalismo supone la manifestación necesaria de un fenómeno, independientemente de sus
condiciones, mientras que el determinismo es la condición necesaria de un fenómeno cuya
manifestación no es obligada."
La base del determinismo se encuentra en el medio, entendido por Zola en una doble
vertiente: la fuerza de la herencia y el medio social:
"Nuestro gran estudio está aquí, en el trabajo recíproco de la sociedad sobre el
individuo y del individuo sobre la sociedad."
Actuando sobre este medio, la novela naturalista puede alcanzar un fin moral e incluso
terapéutico, meta última perseguida por Zola para rematar el paralelismo establecido con el
método experimental del doctor Bernard para la medicina:
"Queremos ser dueños de los fenómenos, de los elementos intelectuales y personales
para poderlos dirigir. Somos, en una palabra, novelistas experimentadores que
demuestran por la experiencia cómo se comporta una pasión en un medio social. El día
en que conozcamos el mecanismo de esta pasión podremos intentar reducirla o, por lo
menos, hacerla lo más inofensiva posible."
Hasta ahora nos hemos referido tan sólo al panorama novelístico francés. pero la nueva
estética se extiende con gran rapidez por toda Europa, destacando, como figuras destacadas, el
inglés Charles Dickens, que en sus novelas nos va a dejar un retrato exhaustivo de la Inglaterra
victoriana y de la Revolución Industrial, y también los escritores rusos (Tolstoi, Dostoievski), que
adaptarán la técnica realista a sus peculiares circunstancias, provocando unas novelas cargadas
de contenidos poéticos e intemporales que las hacen universales.
EVOLUCIÓN DE LA NOVELA REALISTA Y NATURALISTA EN ESPAÑA.-
En el Romanticismo español ya podemos encontrar un género que anticipa algunas de las
características del Realismo. Me estoy refiriendo al costumbrismo. El tránsito entre el
costumbrismo y la novela realista de la segunda mitad del siglo se va a hacer de una forma
gradual, a través de la obra de dos autores muy interesantes, Fernán Caballero y Pedro Antonio
de Alarcón.
Fernán Caballero (Cecilia Bölh de Faber), decía que "la novela no se inventa, sino que se
describe", frase con la que se introduce dentro de la teoría realista, aunque sus obras son todavía
románticas por los temas (costumbres populares, el mundo rural, etc...). Las novelas de Fernán
Caballero pueden definirse perfectamente por la conjunción de tres rasgos:
a/ Por una parte, la ideología conservadora o, mejor, antiprogresista, de forma que
los personajes que en sus novelas son caracterizados como liberales o demócratas son
opbjeto continuo de burla, mientras que sus oponentes protagonistas se caracterizan por
el catolicismo vehemente y el tradicionalismo puro.
b/ En segundo lugar, la autora va a llenar sus obras de costumbrismo
pintoresquista, cuyos elementos más vistosos serán los cuentos, romances o chistes que
con frecuencia intercala.
c/ Por último, Fernán Caballero confiesa en sus obras influencias de escritores extranjeros
y, sobre todo, del francés Balzac.
De estos tres elementos, Fernán Caballero va a extraer una tendencia narrativa propia que
supone un paso adelante en la evolución de la narrativa hacia el Realismo.
Pese a los géneros y autores que ya hemos comentado como antecedentes de la novela
realista española, la nueva estética (que en Europa se inicia en torno a 1850) no se adopta
plenamente en España hasta 1868, aproximadamente, coincidiendo con la revolución, "La
Gloriosa", que derroca a Isabel II del trono e inicia un período de inestabilidad política y social que culminará en el advenimiento de la Primera República y, posteriormente, con la vuelta de la
monarquía. Simultáneamente con estos fenómenos políticos, un grupo de escritores jóvenes
comienzan a publicar sus primeras novelas e inician el Realismo español. Estos autores no se
van a quedar anclados en las mismas técnicas, sino que con el tiempo irán evolucionando hacia
el Naturalismo, en algunos casos, y, después, hacia soluciones narrativas más personales, ya
entrado el s. XX.
Este grupo de autores al que nos hemos referido (Pereda, Galdós, "Clarín", Valera, Pardo
Bazán, Palacio Valdés, Blasco Ibáñez, etc...) ha recibido el nombre genérico de Generación del 68
por estar vinculado su comienzo en la literatura con el advenimiento de la Revolución. Pero,
aunque la crítica tradicionalmente los considerara en conjunto, entre ellos pueden encontrarse
grandes diferencias, tanto ideológicas (unos son liberales y, por tanto, partidarios de la
Revolución, mientras que otros se definen como conservadores), como literarias (cada uno
entenderá el Realismo y el Naturalismo de forma muy personal). Teniendo en cuenta las peculiaridades
individuales, vamos a intentar hacer un repaso rápido por lo que fue el Realismo-
Narturalismo en España. Para ello, puede ser útil (aunque no del todo cierto) que distingamos
entre un período realista y otro naturalista.
LA NOVELA REALISTA ESPAÑOLA.-
En primer lugar, podemos intentar resumir los aspectos que caracterizan a la novela
realista española:
a/ Siguiendo el principio de que la novela tendrá más valor cuanto más fiel sea a la
realidad circundante, los novelistas del 68 considerarán esa realidad directa y vivida como
objeto estético de primer orden.
b/ Para conseguir lo anterior, es evidente que los autores quieran reflejar en sus
novelas la realidad más cercana en el tiempo y en el espacio, es decir, aquella realidad
que mejor conocen. Este ideal va a motivar la aparición de dos subgéneros novelísticos
importantes dentro del Realismo español; por un lado, la novela regional (Peñas arriba de
Pereda, por ejemplo); y por otro, la novela urbana (Misericordia, de Galdós). Lo mismo
explicará el que las novelas realistas españolas se desarrollen siempre en tiempo
contemporáneo (evidentemente, el mejor conocido por los autores), y que cuando se
desplacen los hechos a otras épocas de la historia sea porque juzguen necesario conocer
el pasado para explicar el presente, no por simple deseo de evasión en el tiempo, como
sucedía en el Romanticismo con la novela histórica.
c/ El escritor realista intenta acercarse a la realidad desde una posición de
absoluta imparcialidad, desprovisto de cualquier juicio de valor sobnre los hechos que
relata. Evidentemente, este ideal de objetividad no siempre puede cumplirse, ya que, a
menudo, los autores escogerán los argumentos, personajes o situaciones de la realidad
que más se adapten a su forma de pensar.
Los autores realistas son conscientes del valor social e, incluso, político que sus obras
tienen; y en repetidas ocasiones convertirán sus novelas en vehículo que apoye una
determinada "tesis" política o filosófico. Esta toma de postura produjo la aparición de otro
subgénero novelístico propio del Realismo, la novela de tesis, que sirvió para apoyar las
posiciones ideológicas progresistas (Doña Perfecta, de Galdós) o conservadoras (Sotileza,
de Pereda) de sus autores.
d/ La ideología de la época realista va a valorar lo colectivo, el grupo social, los
ambientes en los que el individuo se inscribe y desenvuelve. Esto se va a reflejar en la
técnica novelística mediante la situación del personaje en estrecha relación con su
ambiente. Poco a poco va a ir perdiendo importancia el individuo (Romanticismo) y
ganándola el grupo social. El personaje va a ser siempre producto de un ambiente, de un
contexto humano y social que no puede descuidarse.
LA NOVELA NATURALISTA ESPAÑOLA.-
Para hacer un repaso por la novela naturalista española, puede ser más interesante que
nos ocupemos de cómo se produjo la recepción teórica del movimiento iniciado por Zola, en vez
de analizar la obra novelística de los autores individuales, que ampliarían estos apuntes en
exceso.
En el análisis de la "recepción del Naturalismo" de Zola podríamos comentar la doble
postura que adoptaron los novelistas españoles. Por un lado, figuras como Alarcón, Pereda o
Valera se mostraron desde un primer momentos adversos al movimiento naturalista. Sin
embargo, esta postura adversa parece referirse más a una postura ideológica que de técnica
novelística, ya que es curioso que estos tres autores, ocasionalmente, incluyeron en sus obras
ciertos aspectos "documentales" de la teoría naturalista.
Pero puede resultar más interesante la recepción del Naturalismo que hicieron autores
señalados entonces con la etiqueta del Naturalismo, como Emilia Pardo Bazán, Leopoldo Alas
"Clarín" o Benito Pérez Galdós.
La condesa Pardo Bazán, en los primeros capítulos de su ensayo titulado La cuestión
palpitante (1882-1883), traza una semblanza rápida de las tesis de Zola y encuentra en ellas dos
reparos fundamentales: en primer lugar, su fondo determinista, que significa una dependencia de
la voluntad similar a la que antes definieron los escolásticos:
"Sólo que quien en el naturalismo la inclina y subyuga no es Dios, sino la materia y sus
fuerzas y energías."
Esta deficiencia lleva a la autora hasta la crítica del aspecto central de la teoría de Zola: su
aplicación del método experimental, que en La cuestión palpitante es denominado "la ciencia mal
digerida por Zola", y en cuya aplicación está
"el vicio capital de la estética naturalista: someter el pensamiento y la pasión a las
mismas leyes que determinan la caída de la piedra."
El segundo defecto esencial de la teoría de Zola reside en el utilitarismo asignado a la
novela
"llamada a regular la marcha de la sociedad, a ilustrar al criminalista, al sociólogo, al
moralista, al gobernante."
En conclusión,
"yerra el naturalismo en éste fin útil y secundario a que trata de enderezar las fuerzas
artísticas de nuestro siglo, y este error y el sentido determinista y fatalista de su
programa, con los límites que él mismo se impone, son las ligaduras que una fórmula
más amplia ha de romper."
Y, ¿cuál es esa fórmula que supera los defectos de la estética naturalista? Las palabras de
Emilia Pardo Bazán pueden darnos una respuesta:
"Si es real cuanto tiene existencia verdadera y efectiva, el realismo en el arte nos
ofgrece una teoría más ancha, completa y perfecta que el naturalismo. Comprende
y abarca lo natural y lo espiritual, el cuerpo y el alma, y concilia y reduce a unidad
la oposición del naturalismo y del idealismo racional. En el realismo cabe todo,
menos las exageraciones y desvaríos de dos escuelas extremas, y por precisa
consecuencia, exclusivas."
Resumiendo el pensamiento de la condesa Pardo Bazán nos quedamos con la defensa
del realismo tradicional sobre la nueva estética naturalista, y ésto lo encontramos en una autora
a la que se consideraba la mejor defensora del "naturalismo a la francesa" en España. Su opinión
va a coincidir con la de los otros autores considerados naturalistas. Para Galdós, lo esencial del
Naturalismo estaba ya presente en la literatura española desde tiempos remotos:
"El llamado naturalismo nos era familiar a los españoles en el reino de la novela, pues
los maestros de este arte lo practicaron con toda la libertad del mundo, y de ellos
tomaron enseñanza los noveladores ingleses y franceses. Nuestros contemporáneos
ciertamente no lo habían olvidado cuando vieron traspasar la frontera el estandarte
naturalista, que no significaba más que la repatriación de una vieja idea."
Esta es también la posición que adopta Leopoldo Alas, uno de los autores que, en su
momento, mejor supo comprender la teoría de Zola. "Clarín" advierte, además, que los prejuicios
antinaturalistas responden frecuentemente al desconocimiento del objeto de discusión:
"Aquí se sabe generalmente del naturalismo por lo que quieren decir los corresponsales de los
períodicos en París, ajenos a la literatura casi siempre (...) Lo que aquí repiten un día y otro día
muchos apreciables revisteros, que desprecian el naturalismo sin conocer ni sus obras ni sus
doctrinas, no es más que eco de otro eco contrahecho."
Pero los tres autores de los que hemos hablado, que conocen perfectamente la teoría
naturalista y sus obras, intentan buscar el equilibrio y llegan a la conclusión de que la misión del
novelista consiste, como dice Leopoldo Alas, en
"reflejar la vida toda, sin abstracciones; no levantando un plano de la realidad, sino
pintando su imagen como la pinta la superficie de un lago tranquilo."