EL MÉTODO CARTESIANO
El Renacimiento es una época de crisis, es decir, época en que las convicciones vitales de los siglos anteriores se resquebrajan, cesan de regir, dejan de ser creídas. El Renacimiento se presenta pues, primero como un acto de negación; es la ruptura con el pasado, es la crítica implacable de las creencias con las que la humanidad venía viviendo. El realismo aristotélico, que servía de base a ese conjunto de convicciones, perece también con ellas. El hombre del Renacimiento se queda entonces sin filosofía. Así el Renacimiento es, por una parte, la negación de todo el pasado filosófico. Pero, por otra parte, es también el angustioso afán de encontrar un nuevo punto de apoyo capaz de salvar al hombre de ese naufragio. La filosofía de Descartes se origina en la crisis del realismo aristotélico.
Depende, pues, de la filosofía precedente en el sentido de que el fracaso del aristotelismo le obliga a plantear de nuevo en su origen el problema del ser; y también en el sentido de que, condicionada por el pasado, ha de iniciar ahora un pensamiento cauteloso, prudente, desconfiado y resuelto a una actitud metódica (utilizar un nuevo método para evitar caer en el error; para dar a la filosofía una base segura y firme).
Descartes, ante esta situación, se encuentra en una profunda inseguridad. Todo el pasado filosófico se contradice; las opiniones más opuestas han sido sostenidas. Si se pretende –y ésta es la intención de Descartes– crear una filosofía de validez universal, es preciso hacer tabla rasa de todos los sistemas filosóficos anteriores. Cierto es que en ellos puede haber algo de aprovechable, pero, al tratarse de verdades muy particulares, su adopción no haría sino perturbar la coherencia, exactitud y elegancia del sistema que Descartes quiere construir. Por esto nos dice en la segunda parte del Discurso del Método:
“Con frecuencia no hay tanta perfección en las obras compuestas de muchas piezas y hechas por la mano de distintos maestros, como en las que ha trabajado uno solo. Así se ve que los edificios planeados y acabados por un solo arquitecto suelen ser más hermosos y mejor ordenados que los que se ha tratado de acomodar entre muchos, aprovechando viejas murallas que habían sido levantadas con otros fines.”
El proyecto de Descartes queda claro: creación de una nueva filosofía, prescindiendo de todo lo anterior.
Pero ahora surge un problema: ¿a qué se ha debido el fracaso de los anteriores filósofos? Una posible razón sería que la filosofía es inasequible al entendimiento, a la razón humana; que la capacidad cognoscitiva del entendimiento no puede llegar a resolver los problemas filosóficos. Esta tesis es rechazada por Descartes. Por consiguiente, para Descartes el fracaso de la filosofía, del filosofar, no se puede achacar a la incapacidad de la razón. ¿Cuál es, pues, su causa?. Para Descartes está clara: la causa del fracaso ha sido la utilización de un método inadecuado. La raíz del mal está en el método, y es éste el que tiene que ser cambiado. Es necesario encontrar un nuevo camino, un nuevo método (método significa ‘camino’), que nos conduzca al descubrimiento de la verdad, y de esta manera la filosofía se convierta en un saber sólido y universalmente válido.
Descartes insiste en la importancia que tiene el método para descubrir la verdad y señala que la escasez de conocimientos auténticos logrados por la humanidad en tantos siglos de búsqueda se debía, principalmente, a la falta de un método seguro. En las Reglas para la dirección del espíritu, indica Descartes que "el método es necesario para la investigación de la verdad" y que es "mucho más satisfactorio no pensar jamás en buscar la verdad que buscarla sin método". Esta obra y el Discurso son las que dedicó al problema del método. Escribió primero las Reglas..., obra que no llegó a ver la luz hasta el año 1701. El Discurso, como ya dijimos, se publicó en el año 1637. Si bien la naturaleza del método expuesto en ambas obras es la misma, en las Reglas se encuentra un estudio más detallado de la cuestión. Por haber redactado el Discurso con posterioridad a las Reglas, puede el autor ofrecernos en él una síntesis del método en cuatro concisas reglas que podemos tomar como estructura fundamental para la exposición de la metodología cartesiana (en las Reglas para la dirección del espíritu, Descartes enumera veintiuna reglas, que, como acabamos de decir, quedarán sintetizadas en las cuatro del Discurso del Método).
Es necesario, por tanto, encontrar un nuevo método (camino) para la filosofía. Descartes es consciente de la dificultad que entraña el hallazgo de un nuevo método de filosofar, jamás encontrado por tantos excelentes ingenios –así los llama él– como le precedieron. En la búsqueda de ese nuevo método, Descartes centrará su atención en el procedimiento o método matemático, ya que las matemáticas, se presentan como un saber paradigmático, modélico, en el que no caben pluralismos ni disparidad de ideas. Ahora bien, dado que dicho método va a ser la piedra filosofal que aniquile la pluralidad de filosofías, es necesario ver en qué consiste tal método.
Pues bien, el proceso de construcción de las matemáticas, tal como lo había diseñado Euclides en sus Elementos, era el siguiente:
Búsqueda de una o varias verdades evidentes, indubitables, cuya negación implique contradicción: los axiomas.
Establecimiento de un conjunto de reglas de deducción seguras, ciertas y eficaces, que nos permitan, partiendo de los axiomas, demostrar rigurosamente otras verdades –los teoremas–.
En resumen, que el método matemático consiste en el uso de la intuición (llegar a descubrir lo evidente) y de la deducción (deducir otras verdades a partir de la verdad evidente). Mediante la intuición llegaremos a conocer aquellas verdades de suyo evidentes e inmediatas –los axiomas–; con la intuición alcanzamos aquellas verdades que, sin ser inmediatamente evidentes, alcanzan una evidencia mediata gracias a que llegamos a ellas partiendo de los axiomas y a través de una cadena de razonamientos (deducción), es decir, de pasos sucesivos que son evidentes.
Armado de este método, que tan fecundo se ha mostrado en las matemáticas, el filósofo francés intentará edificar una filosofía a modo de ciencia universal que pueda elevar nuestra naturaleza a su más alto grado de perfección. Descartes, que tan detalladamente se ocupa del problema metódico en las Reglas, sintentizará el método a emplear en filosofía, estableciendo que se compone de cuatro fases o pasos, según nos dice en la segunda parte del Discurso del método:
REGLA 1. Evidencia como criterio de verdad. "Fue el primero no admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mi espíritu que no hubiese ninguna posibilidad de ponerlo en duda".
En esta primera regla del método establece o propone Descartes la evidencia como criterio de verdad: lo verdadero es lo evidente. La evidencia se define por dos características que le son esenciales: la claridad y la distinción. Lo claro y distinto es aquello que no puede ponerse en duda, y, por lo tanto, la verdad aparece y es aceptada inmediatamente por la razón. La evidencia es contrapuesta a la conjetura, que es aquello cuya verdad no aparece a la mente de modo inmediato.
En esta primera regla también apunta Descartes que habrá que evitar dos vicios fundamentales en la búsqueda de la verdad:
- Precipitación: tomar por verdadero lo que no lo es. Es decir: tomar por verdadero algo que no es evidente, sino confuso.
- Prevención: negarse a aceptar la verdad de lo que es evidente. Es decir: negarse a aceptar como verdadero algo claro y distinto, algo evidente.
REGLA 2. Análisis: "dividir cada una de las dificultades que examinase en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución".
REGLA 3. Síntesis: "...conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo, poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más complejos".
REGLA 4. La comprobación de los análisis y síntesis ya realizados (también llamada ‘regla de la cadena’): "Y el último, hacer en todos los casos unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro, de no omitir nada".
No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada