Un hombre llega a un lugar al cual no pertenece y toma una identidad que tampoco lo es. El comienzo ex abrupto de la narración nos sumerge en un ambiente en el que se simultanea la precisión de la novela naturalista con la incógnita del relato de misterio: ¿quién es la persona a la que ha traído el coche? ¿Cuál es esa calle del Noroeste?
Dos tercios de la narración están ocupados por el relato minucioso del proceso de instalación del misterioso protagonista. Borges hace que la imaginación del lector complete muchos datos y circunstancias.
El señor Villari se mantiene al margen; no hace amistades, suele ir al cine y lee una sola sección del periódico, además de acercarse a
Por las noches, sueña siempre lo mismo: que dos hombres y el verdadero Villari acudían a matarlo. En sus sueños se defendía con la pistola que mantenía guardada en la vigilia, pero el sueño, con variantes, se repetía, y al día siguiente tenía que volver a matarlos. Se calma y reconoce los síntomas del sueño. De modo que una noche, convencido de que dormía, se enfrentó a su sueño. La descarga de la pistola lo desmintió. Borges ha escrito una breve pieza maestra a partir del tema de la espera del final de la vida de un fugitivo.

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