Con el ingrediente de “suspense” propio de los relatos de intriga, a los que Borges es aficionado, se relata en cinco páginas la venganza de que Emma Zunz hace objeto a quien había provocado la deshonra de su padre.
El relato comienza cuando Emma Zunz, trabajadora en una fábrica textil, recibe una carta que notifica el suicidio de su padre. Emma recuerda entonces la confesión de que Aarón Loewenthal, antes gerente, ahora dueño de la fábrica, en que Enma está empleada, es el ladrón. Lo anterior se lo afirmó su padre la última noche que se vieron. Sólo ella conoce el agravio y urde el plan con rapidez y frialdad inmediatamente después de conocer la noticia del suicidio de su padre, poniendo todos los medios para quedar impune. “No durmió aquella noche, y cuando la primera luz definió el rectángulo de la ventana, ya estaba perfecto su plan”. Lo conoceremos a medida que lo vaya llevando a cabo.
Llegado el día, escoge a un hombre y se entrega a él. Piensa en su madre, en su padre, y en la humillación de la que alguna vez fue objeto. Una venganza metafísica esconde su acto. Emma camina para encontrarse con Loewenthal con la intención de matarlo, hecho que en efecto sucede, salvo que Emma no pudo decir el discurso que tenía preparado. Loewenthal murió sin saber su causa. Alegará ante la justicia, y será creída, que se defendió con el revó1ver porque el jefe Loewenthal quiso abusar de ella.
Contrasta la magnitud del sentimiento de Emma al conocer la muerte de su padre con la frialdad que muestra para tramar y ejecutar su plan: Emma provoca su propia violación por un tercero, para hacer verosímil su alegato de haber sido víctima de un atropello por parte de Loewenthal.

No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada