El Zahir es una palabra que representa una moneda. Una moneda que llega a manos de Borges y lo remite a la muerte de una mujer de la cual estuvo enamorado: Teodelina Villar. El descubrimiento del narrador de todos los significados del la palabra Zahir lo perturban al grado de deshacerse de la moneda pues se intuye que atrás de aquel objeto se encuentra Dios.
Este relato completa, junto a La escritura del dios y El Aleph, el trío de relatos tejidos en torno al tema del microcosmos panteísta. Enmarcado en una historia trivial —la de Teodolina Villar—, Borges desarrolla un tema transcendente: algún objeto del universo tiene propiedades absolutas. Protagonista de su propio cuento, Borges lo escribe cuando “aún, siquiera parcialmente, soy Borges”. Se resume a continuación el contenido del cuento, párrafo por párrafo:
1. Enumeración de las distintas apariencias que el Zahir ha tomado a lo largo de la historia y de la geografía.
2. Brusca introducción del tema Teodolina Villar: Descripción irónica de la muchacha, bella, insustancial, seguidora servil de la moda.
3. Descripción del velatorio de Teodolina
4‑5. A la salida del velatorio, de madrugada, el narrador recibe el Zahir como cambio de la consumición que hace en un bar. Reflexión acerca de las monedas, primeras alusiones al influjo del Zahir.
6‑9. Se desprende de la moneda, en un intento de liberarse de su influjo, que no conocemos todavía con detalle, pero que adivinamos maléfico. El gesto resulta vano: la imagen de la moneda, ahora claramente, le obsesiona y le persigue.
10‑11. Un libro de Julius Barlach le desvela la naturaleza de su mal. En ese libro se mencionan “todos los documentos que se refieren a la superstición del Zahir”, muchos de los cuales son descritos. Adivinamos que la naturaleza del maleficio está en la imposibilidad de dejar de pensar en el objeto‑Zahir.
12‑14. Reaparece el tema Teodolina Villar. Es posible que otra persona sea también objeto del maleficio. El tema central es relanzado, ahora de forma narrativa: “El tiempo, que atenúa los recuerdos, agrava el del Zahir
15. Termina el relato con un salto de lo concreto a lo abstracto en el desenlace. “Quizá yo acabe por gastar el Zahir a fuerza de pensarlo y de repensarlo; quizá detrás de la moneda está Dios”. La moneda es símbolo del universo y, por lo mismo, en cierto modo —dentro de esta óptica—, de Dios.

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